¿Qué hacer con el País?

Ideas a discutir. 1

Solo como antecedentes de estas ideas diré que después de algún intercambio de pareceres entre mi esposa y yo, la pregunta necesaria, que no soportaba más dilaciones fue ¿si tu fueras el presidente electo, por dónde empezarías a solucionar todo el desmadre de este país? Tal cuestión, encara tres asuntos totalmente relacionados en esta época y territorio, a saber:

  1. Hablamos de México. No solo del gobierno de México, sino de todo y todos los que conformamos este país, que si bien aceptamos es bello, interesante etcétera, actualmente está hecho un desmadre.
  2. Desmadre, aquí implica: la corrupción que ha calado en todos los órdenes de la vida, la cotidiana, la científica, la política, la moral, la religiosa, la erótica y hasta la bohemia; nada se salva de la corrupción en la vida de los mexicanos de hoy. Aunado a ello, hay una historia, o mejor dicho, una nueva historia que desde hace algunos años estamos escribiendo y cuyo futuro no me gusta y creo que tampoco a varios miles de personas mexicanas más. Esta historia nos está revelando que no hay héroes, ni hacedores de patria, no hay líderes a los que se les pueda seguir y confiar, no hay hombres que luchen toda su vida y por lo que son imprescindibles, como diría Brecht y nos lo recordara Silvio Rodríguez. Hay chispazos y estertores de gente poco organizada, mediatizada, violentada, excluida, perpetrada, desaparecida, que poco o nada hace la diferencia. Nuestro desmadre pues, nos ha llevado al fondo, aunque este parece que aún no lo hemos tocado. Nuestro desmadre, es río revuelto de sangre de mujeres, campesinos, obreros, estudiantes, amas de casa, políticos, narcotraficantes y hasta perros, gatos, cotorros, hipopótamos y vaquitas marinas.
  3. El último asunto tiene relación con la elección del presidente. Por supuesto, estoy en el contexto electoral, y tal y como se presentan las cosas hoy por hoy en México, parece claro que un nuevo presidente, sea quien sea no mejorará las cosas en seis años, lo más seguro es que las empeore: él y todos los mexicanos junto a él. Ya sea por ignorancia, intereses o convicciones, cualquiera de los candidatos que gane, solo tiene dos alternativas una vez puesto en la silla, o hace más grande el desmadre o busca contenerlo.

Las tres afirmaciones anteriores, con todo y su rasgo de fatalidad, no impiden que podamos pensar en las tareas que ese nuevo presidente junto con todos los mexicanos, podemos hacer para revertir el desmadre que hoy nos tiene al borde de la ignominia, o peor…

En primer lugar, me parece que el nuevo presidente de México, debe empezar por restablecer la credibilidad del Estado. Esta es la tarea más difícil, ya que el Estado finalmente es una combinación de instituciones y cotidianidades hegemónicas y contrahegemónicas. Si el nuevo presidente llega al poder por una elección cuestionada, es decir por una elección que no convence a la sociedad, vamos a llamarle “pensante”, que es aquella que “se da cuenta” de las cosas, entonces mejor que ni gastemos tiempo y cerebro en escribir esto. Pero, pensemos que las elecciones se realizan en forma limpia y convencen, y todos los elegidos, el nuevo presidente, los senadores, diputados, gobernadores y alcaldes, todos ellos tendrán a favor un punto de credibilidad, los demás puntos se irán ganando, en la medida que esta credibilidad se restablezca en la sociedad mexicana.

Un factor importante para restablecer esta credibilidad es aplicar el Estado de Derecho. El problema que yo le veo a esta vía, es que parece que el Derecho en nuestro país está en un estado lamentable, justo por las instituciones que convergen en su diseño y aplicación. La tarea es entonces encabezar toda una estrategia para lograr, que las Leyes Mexicanas se revisen, corrijan y apliquen, y que además esto se realice bajo una mirada muy equilibrada, y de respeto a los Derechos Humanos. Creo que en esa revisión de las leyes debe observarse: a) el asunto de los fueros -desde los diputados y senadores, jueces, hasta del propio presidente-, los cuales deben ser restringidos para ciertos asuntos pero no para todo; y b) el asunto de la restitución de lo desviado, en el sentido de que todas las penas que se apliquen deben implicar la restitución de lo que se haya perdido, robado o quitado (debemos hacer una tabla de conversión para estimar cuánto cuesta una vida humana para que quién maté, la pague), hoy día sabemos que hay miles de millones de dólares que unos cuántos rateros se han llevado de nuestro país, y mientras ellos están en largos y sinuosos procesos judiciales, lo robado sigue fuera de las arcas de los mexicanos, y siguen muchos mexicanos en la minera extrema.

Aplicar el Estado de Derecho también implica transparentar las acciones de todos los mexicanos. Vamos a decirlo así: llevamos el ADN de la corrupción en nuestra sangre, unos mucho más que otros, pero nadie nos salvamos. La corrupción, aunque todos la vemos, fomentamos y padecemos, supone en realidad cosas turbias, es decir asuntos no transparentes. Los funcionarios que por fuera cobran una raya, el usuario que da la mordida para acelerar o cambiar el curso de las cosas, o para lograr lo que sin mordida deberían hacer los funcionarios… Podemos enumerar muchísimos ejemplos, pero la regla sería la misma: cuando hagas algo que termina siendo turbio o no trasparente, estás actuando bajo la lógica de la corrupción. Por supuesto, cualquiera que llegue a ser el nuevo presidente de este país deberá encabezar, erigirse como un prócer de la transparencia, y ello tanto en el sentido de no hacer cosas turbias, como en el de aplicar la ley a quiénes lo hagan.

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